Tecnología

Así he logrado que el Apple Watch sea imprescindible en mi vida.



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Apple-Watch

7h30. Un zumbido en la muñeca me despierta suavemente; toca levantarse. Miro el Apple Watch y compruebo que nos sigue acompañando este helador invierno; caray, ya casi en abril y con temperaturas por debajo de los diez grados… Mientras me desperezo, compruebo cómo ha sido la calidad del sueño esa noche. Sí, antes nos hubiera bastado por saber más o menos a qué hora nos quedamos dormidos y ver cómo nos habíamos despertado, pero ahora, con toda la tecnología que nos rodea, necesitamos más datos: AutoSleep me confirma lo que sospechaba: ha sido una noche de cargar las pilas.

Mientras me preparo un café bien caliente y unas tostadas, giro la muñeca y pregunto: “Oye Siri, ¿va a llover hoy?”. El sistema me confirma mis peores temores, “Me temo que sí, Jose, hoy va a llover a cántaros”. La versión 3 del Apple Watch, además, habla y supone una pequeña ventaja en estas situaciones. Mientras disfruto del desayuno llega la primera llamada que atiendo sin moverme ni tocar el iPhone desde el propio reloj: me avisan que tengo una reunión no programada a primera hora de la tarde y un nuevo giro de muñeca me permite apuntarla con un “Oye Siri, crea la cita ‘reunión a las cuatro de la tarde’”, que el Watch anota en mi agenda diligentemente.

Mi perro me mira con ansiedad; cierto, toca dar un paseo por la playa. Allá vamos. Lo mejor de los ecosistemas llega cuando integras varios equipos que lo comparten, y así, me protejo bien contra las inclemencias meteorológicas y me coloco los AirPods bajo el gorro. Mientras escucho podcasts camino de la playa llegan los primeros correos: un giro de muñeca me permite ver la notificación y eliminar directamente los que no me interesan y así me ahorro ese trámite en el móvil. En este caso, empleo NewtonMail, un gestor de correo multiplataforma muy completo.

El día prosigue entre reuniones y trabajo frente al ordenador, de los cuales siempre surgen tareas que hay que ir apuntando: aunque la aplicación nativa de Recordatorios resulta muy completa, en mi caso confío la gestión de tareas a una aplicación que puedo consultar en diferentes equipos, como es el caso de Todoist. Pulso sobre el icono de la app en el Watch y añado una nueva tarea de viva voz que queda registrada a la perfección en la nube y a partir de ahí en todos mis equipos.

El día concluye y ya de vuelta a casa caminando compruebo la temperatura de casa, algo necesario estos días gélidos: en mi caso empleo un termostato inteligente Nest que cuenta con su correspondiente app para el Apple Watch. Será mejor templar un poco la casa para encontrármela calentita al llegar y desde el reloj ajusto la temperatura a voluntad y sin necesidad de mayores complicaciones.

Ya en casa y preparando la cena, me animo a llamar a mi madre para ver qué tal ha pasado el día. Con todo cocinándose en el fuego, resulta mucho más cómodo un “Oye Siri, llama a mi madre” dirigido al reloj que obedece a la primera; la conversación se escucha nítida por ambos interlocutores en interiores, pero en la calle todavía resulta complicado por los ruidos externos. El día va concluyendo y tras una buena ‘dosis’ de series y con un cansancio que poco a poco me va invadiendo, apago las luces y preparo el arranque para el día siguiente, en el que madrugo un poco más: “Oye Siri, despiértame a las 6h50”; un “hecho” me confirma que el despertador está activado.

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Jose Mendiola

Sobre el autor: Jose Mendiola

Experto en tecnología, colaborador habitual de El País .

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